Jean-Jacques Rousseau
fue un polímata suizo francófono. Fue a la vez escritor pedagogo, filósofo, músico, botánico y naturalista, y aunque definido como un ilustrado, presentó profundas contradicciones que lo separaron de los principales representantes de la Ilustración ganándose por ejemplo la feroz inquina de Vlotaire y siendo considerado uno de los primeros escritores del prerromanticismo.
Sus ideas imprimieron un giro copernicano a la pedagogía centrándola en la evolución natural del niño y en materias directas y prácticas, y sus ideas políticas influyeron en gran medida en la Revolución Francesa y en el desarrollo de las teorías republicanas, aunque también se le considera uno de los precursores del totalitarismo; incorporó a la filosofía política conceptos incipientes como el de voluntad general (que Kant transformar su imperativo categórico) y alienación. Su herencia de pensador radical y revolucionario está probablemente mejor expresada en sus dos frases más célebres, una contenida en El contrato social, «El hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado», la otra, presente en su Emilio, o De la educación , «El hombre es bueno por naturaleza».
Cuando Rousseau tenía 10 años, su padre, un relojero bastante culto, tuvo que exiliarse por una acusación infundada y su hijo quedó al cuidado de su tío Samuel, aunque ya había tomado de él un gran amor por la lectura y un sentimiento patriótico de admiración por el gobierno de la República de Ginebra que Jean-Jacques conservó toda su vida.
En 1745 y ya con 33 años, vuelve a París, donde convive con Thérèse Levasseur, una modista analfabeta con quien tiene cinco hijos y a quien convence para entregarlos al hospicio conforme van naciendo; así hizo en 1746 con el primero. Al principio dijo que carecía de medios para mantener una familia, pero mas tarde en el volumen IX de sus Confesiones, sostuvo haberlo hecho para apartarlos de la nefasta influencia de su familia política: «Pensar en encomendarlos a una familia sin educación, para que los educara aún peor, me hacía temblar.
En esta época contacta con Voltaire, D'Alembert, Rameau y, de nuevo, con Diderot, y escribe sus obras más reconocidas. Cuando la Academia de Dijon en 1749 un concurso de disertaciones sobre la siguiente cuestión: «Si el restablecimiento de las ciencias y las artes ha contribuido a mejorar las costumbres», Rousseau ganó al año siguiente con su Discours sur les sciences arts respondiendo que no, pues las artes y las ciencias a su juicio suponen una decadencia cultural.
En el enlace de abajo se vera mas dedetallandamente los aportes de Jean Jacques Rosseau a la filosofía asi como las carácteristicas mas sobresalientes:
https://youtu.be/6MH9qKuJ-7M
Antonio Muñoz Molina
Antonio Muñoz Molina nació en Úbeda Jaén en el año 1956 y se considera sin duda el pionero del grupo de la generación literaria española de los años 80. Además también fue el primero de los autores de este conjunto en ser admitido en la Real Academia de la lengua española. Con sus novelas conseguía captar el interés al mismo tiempo que cumplía el objetivo de la narración: el entretenimiento.
Su obra titulada “El invierno en Lisboa” publicada en el año 1987, cuenta, dentro de una intriga policíaca, una historia amorosa situada en un mundo turbio. Otra de sus obras titulada “Beltenebros” del año 1989 continúa con esta estructura policíaca, aunque en esta ocasión, el narrador, además de serlo es también el personaje principal que se encarga de desenmascarar al traidor de la novela, el comisario de la policía. Esta novela consigue alcanzar un complicado laberinto en el que Ariadna se encontrará con el protagonista. Pero además de todo esto, también hay intriga amorosa, ironía, recuerdos y un lenguaje muy cuidado. Una de sus más actuales aportaciones a la narrativa española fue su obra titulada “El jinete polaco” publicada en el año 1996.


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